I TRAIL “BRIEVA DE CAMEROS” 2016

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             Aunque era consciente de que no llegaría recuperado al 100% de la Tenerife Bluetrail, hacia tiempo que el Trail de Brieva se había convertido en una de mis carreras señaladas e ineludibles en el calendario. Por muchos motivos  (por el entorno en el que se desarrolla, por quién la organiza, por la espectacularidad del recorrido, por que me apetecía participar en un proyecto en el que creo, por todas las posibilidades que ofrece para el futuro,…) merecía la pena el esfuerzo…

                Además, tuve la gran suerte de participar en el marcaje del recorrido a los pocos días de regresar de Tenerife en compañía del alma máter de la prueba, Edu.También nos acompañó un buen amigo y montañero de Anguiano.

                 La tarde del balizaje fue dura. Empezamos a las cuatro de la tarde con un calor de justicia y sin una nube que nos diera tregua. Pertrechados con mochilas, agua y cintas de marcaje, nos lanzamos a señalizar lo que era la segunda parte del Trail Largo de 28k/2000+. Recorrimos el borde del Río Brieva hasta el nacedero colocando cada pocos metros marcas e indicadores kilométricos para el día de la carrera. Aunque fue una ardua labor debido al calor que nos golpeaba, entre los tres pudimos avanzar a buen ritmo. La compañía hizo más amena la tarea. Edu iba tomando decisiones sobre el marcaje en las zonas más problemáticas, nos consultaba dudas y escuchaba nuestros consejos. Cuando llegamos al refugio, decidimos separarnos y yo proseguí solo después de repostar agua en la fuente, lugar donde me crucé con los caballos de Edu. Ellos dos se encargaron del marcaje de la cumbre del Cabezo del Santo. Yo realice el balizaje de la bajada por el barranco que hay tras girar a la izquierda  una vez pasado el famoso camello.

                 En solitario se me hizo más duro el marcaje pero poco a poco fui avanzando metros y tras una hora y media volvimos a juntarnos los tres. Los últimos kilómetros hasta el pueblo, los marcamos juntos y muy rápido. Solo nos dio tiempo a hacer 17 kms, con lo que a Edu y a otros voluntarios todavía les quedaba trabajo para el resto de semana.

                 En el pueblo disfrutamos de un  generoso refrigerio en compañía de algunos amigos y de los padres de Edu.

                 El sábado siguiente estaba programado el IIº KV de Brieva (4,5k/940+). La prueba fue todo un éxito de participación y organización a pesar de la complicada meteorología. En la parte alta del recorrido una espesa niebla dificultaba la orientación y los esforzados voluntarios tuvieron que recurrir a  pegar voces para guiar a los corredores.

El domingo estaba previsto la celebración de las dos carreras en línea: el trail corto y el largo. Pero debido a que la niebla era todavía más espesa que el día anterior y estaba más extendida por cumbres y valles, Edu decidió, con muy buen criterio y por seguridad de todos los participantes,  variar la prueba larga suspendiendo el trazado original (la parte anulada era justamente la que yo había ayudado a balizar y era la de orografía más difícil).

Finalmente la prueba larga consistiría en completar dos veces el recorrido del Trail Corto (11,5k/850+).

La prueba corta era la que contaba con más participantes y con un gran nivel competitivo. Gente joven y rápida dispuesta a darlo todo en una mañana fresca que invitaba a correr. Los que disputábamos las dos vueltas salimos con más calma y rápidamente formamos un estupendo grupo del Nutrium Trail Team. En la primera vuelta todos fuimos reservones. La subida era larga y dura, y entre charlas y risas fuimos quemando  metros.  En la cumbre el frío y la humedad de la niebla se metían en los huesos (cualquiera diría que 5 días antes habíamos soportado más de 30ºC ). La peligrosa, larga y vertiginosa bajada nos devolvió el calor, nos obligó  a ir concentrados para no caernos. En este tramo pudimos incluso adelantar a los más rezagados de la carrera corta. Eso y los ánimos de los que ya habían entrado en meta, nos dio fuerza para afrontar la segunda vuelta al recorrido.

Sabiendo lo que nos esperaba y aunque el grupo aún se mantenía,  cada cual fue poniendo su ritmo y apretando en las zonas donde se sentía más fuerte. La subida se hizo esta vez más dura porque las fuerzas ya eran escasas y el frío y la niebla había aumentado. Los voluntarios tuvieron que volver a hacer un esfuerzo enorme y a base de gritos y de aumentar su presencia en la cumbre, nos llevaron por el camino correcto a afrontar de nuevo la trepidante bajada.

Yo estaba notando la falta de recuperación y decidí bajar rápido pero sin arriesgarme en exceso.

Tras más de tres horas de esfuerzo, entré en meta llevado en volandas por la gente del pueblo y del equipo que estaban a lo largo de los últimos metros.

En el plano deportivo se puede decir que aunque varios de los favoritos en ambas distancia se perdieron debido a la niebla, las dos carreras fueron muy disputadas tanto por el lado masculino como femenino. Nuestro equipo cosechó varios pódiums en las dos modalidades pero, sobre todo, vivimos una jornada de hermandad y apoyo a uno de nuestros compañeros en la puesta de largo del trail de su pueblo. Edu supo tomar las decisiones oportunas mirando por la seguridad de los corredores y los voluntarios trabajaron para que todos saliera a las mil maravillas a pesar de las  inclemencias del tiempo.

El Trail Largo se había convertido en un recorrido más corto, con mucho desnivel, técnico y de dura climatología. Fue una de esas mañanas en las que salir al monte se convierte en una experiencia que te vuelve más duro y te hacen amar este deporte.

Aunque por desgracia los corredores no pudieron disfrutar del recorrido originalmente diseñado, creo que los 23k fueron un anticipo y un reclamo para volver a una zona salvaje y hermosa para la práctica del  Trailrunning …

Además de correr, a los  trailrunners nos encanta el post-carrera y hay que decir que, en Brieva, éste fue de sobresaliente. La gente del pueblo, sobre todo, la familia de Edu, nos agasajaron con una comida  digna de reyes. Kilos de pasta con carne y tomate exquisitamente elaborada y corte de jamón fueron una comida excelente para los esforzados corredores. En la plaza del pueblo, el acontecimiento se convirtió en una reunión familiar y de amigos en la que todos nos sentimos como en casa.

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MARATÓN “TENERIFE BLUETRAIL 2016”

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Este año, a través de una compañera de trabajo, surgió la idea de correr en Canarias. A esta posibilidad, se unieron las ganas que tenía de visitar las islas desde hacia años. Y aprovechando el poder disfrutar de unos días de vacaciones y de correr a la vez, me inscribí en la distancia Maratón de la Tenerife Bluetrail.

A pesar de que los diez días anteriores no puede entrenar en condiciones debido a un resfriado agravado con fiebre, llegaba con muchas ganas al día de la carrera y tras sacar un par de buenos entrenamientos en la zona de Anaga los dos días previos. Algo que me preocupaba era adaptarme al calor y a correr con mochila tanto tiempo ya que todo el año había corrido sin ella.

Así me planté en la salida en la pista de Mamio (La Orotava) el día 10 de Junio en compañía de mi buen compañero local Conrado Suárez al que pude conocer durante el tiempo que estuvo trabajando el Logroño. Conrado es un loco del deporte y se enfrentaba a su primer maratón de montaña.

Además del madrugón que tuvimos, nos tocó esperar una hora hasta las salida en un pequeño refugio donde nos tomamos un café e hicimos los últimos preparativos de las mochilas. Una cosa curiosa fue el tener que desplazarnos a pie un kilómetro y medio hasta la línea de salida dado que ésta estaba en mitad de un parque natural al que solo así se podía acceder. La mañana estaba bastante fresca y tuvimos que abrigarnos.

Llevados por las ganas de empezar, la salida fue muy rápida y los primeros kilómetros de pista nos colocamos entre los primeros. Rápidamente nos metimos en un tupido y húmedo sendero que nos hizo entrar en calor e ir aminorando el ritmo.DSCF3653

Los primeros 6 kms transcurriendo sin incidentes y demasiado rápido para lo que nos esperaba. Conrado y yo nos dimos cuenta de que llevabamos un ritmo muy alto pero ninguno aminoró. A partir del km 7 nos enfrentamos a cinco duros y constantes kms de subida en los que no forzamos en exceso. Del km 12 al 16 la pendiente descendió y pudimos empezar a hacer tramos corriendo a buen ritmo. Hasta aquí paramos en los avituallamientos a beber y a comer algo. Los puestos estaban muy bien atendidos por unos voluntarios entregados a los corredores y  disponían de un amplio surtido de bebidas y alimentos.

Desde el km 16 nos enfrentamos a una bajada trepidante, larga y agotadora. Primero unos kilómetros de pista muy inclinada y luego por senda muy técnica y entre vegetación con bastante húmedad. En esta parte de la carrera es dónde más disfruté y, aunque hice los diez kilómetros más rápidos de todo el maratón, pude disfrutar de una naturaleza que nada tiene que ver con lo que nos venden de Tenerife de sol y playa. Hubo momentos en los que pensé que  me encontraba en senderos del País Vasco o de Galicia ya que la cantidad de agua y lo frondoso y verde de la vegetacíón se asemejaban mucho. Un paisaje que me sorprendió gratamente.

He de decir que los corredores canarios son muy rápidos y duros en terreno seco pero en cuanto había un poco de barro o agua, reducían mucho la velocidad, y pude adelantar muchos puestos en esta bajada tan larga. A Conrado lo había perdido de vista ya en el último avituallamiento y decidí hacer mi carrera.

En el km 25 pude avituallarme bien y me dí cuenta de que llevaba un tiempo de carrera que jamás hubiera imaginado después de los días previos. Pero lo mejor era que las sensaciones eran muy buenas: tenía fuerzas y ganas.

Ahora tocaba afrontar la subida más dura de la carrera, el famoso mirador del  Asomadero (Los Realejos). Es una subida de apenas 2 kms en la que se ascienden 520m+ por un sendero bien pisado y con una pendiente considerable. Lo mejor de la subida es que va tapada por una capota de vegetación y árboles que hace del duro trayecto una experiencia preciosa. A mitad de subida, sin aliento, me paré en un pequeño mirador a recuperarme y a hacer unas fotos del grandioso entorno que me rodeaba. IMG_20160611_114139

El último tramo se hace duro pero los últimos metros son más llevaderos y puedo ir recuperando fuerzas. Desde el mirador las vistas de la zona de Los Realejos son impagables y con buenas sensaciones llego al avituallamiento donde relleno mis bidones como rápido e intento no perder el buen ritmo de bajada.

 

Son 7 kms de bajada muy rápida y dura ya que la mayoria transcurren por asfalto y sendas empedradas. En la última parte de la bajada atravesamos varios pueblos en los que somos animados a afrontar los últimos kilómetros. Pero éstos se hacen duros porque el sol de medio día no nos da tregua y ahora toca pagar la buena suerte climatológica que hemos tenido toda la mañana. El calor  y el ritmo mantenido en las bajadas me pasan factura entre el km 35 y 40 y las buenas sensaciones desaparecen. Empiezo a beber más de la cuenta y a ralentizar el paso ya que el terreno es un continua sube-baja con rampas cortas pero duras y por terreno asfaltado.

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Paso el mal trago poco a poco y cuando veo el mar a mi izquierda me animo y decido empezar a trotar para intentar bajar de las  seis horas de carrera. Ese es el objetivo que me hace sacar las últimas fuerzas y forzarme a correr.

Los 2 kms finales trascurren por las calles de la turística ciudad de El Puerto de la Cruz y los corredores  podemos sentir el animo y las miradas de las muchas personas que están a lo largo de nuestro camino. Al fondo se escucha la megafonía de la organización. LLevo un ritmo muy vivo para todo lo que llevo detrás. Pocas fuerzas me quedan. Se me cae un gel vacío. Me doy la vuelta a recogerlo. Pierdo el ritmo. Agacho a cabeza y empiezo a trotar por las calles hasta que, por fin, veo la meta.IMG-20160611-WA0008

Objetivo conseguido. Además no he sufrido ningún percance y lesión me siento feliz. Idoia y unas amigas me esperan para comer y terminar una jornada que para mi será inolvidable.

Quiero destacar la magnífica organización ( trato, balizaje, voluntarios,…) tanto previa como durante la carrera y el caluroso recibimiento en meta. Pero si algo merece la pena citar el brutal trabajo de los militares que montaban todos y coma uno de los avituallamiento y que nos mimaron en cada momento.

En cuanto a la parte deportiva, he de decir que los 30 kms iniciales son preciosos y muy corribles a través de un paisaje hermoso y verde, con unas vistas de la isla que no se me olvidarán fácilmente. Si tengo que destacar algo negativo, diría que en mi opinión el último tercio de la carrera es bastante aburrido y poco deseable ya que transcurre por asfalto y calles o sendas empedradas que hacen innecesariamente duro estos kilómetros finales. Además el desnivel que figura en los datos de la web no se ajusta a la realidad.

17ª MARCHA SENDERISTA POR LOS MONTES DE ANGUIANO (26,5K/2400+-)

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           De todas la marchas senderistas que hay en La Rioja, en la única en la que no había participado era la organizada por el pueblo de Anguiano. Por fechas coincide con la Travesía de la Sierra de Cantabria y hasta este año siempre ganaba la elección, pero como ya he tenido la suerte de realizarla y finalizarla en tres ocasiones, este año decidí participar en la de los Montes de Anguiano.

El sábado 28 de Mayo, Rosa y yo nos plantamos en la salida. Aunque el madrugón fue considerable fuimos los últimos en recoger las acreditaciones y, por lo tanto, salimos detrás  de todos los marchosos.

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Los primeros 7 kms no nos dan tregua por dos motivos. El primero es que por salir los últimos nos vimos abocados a ir pasando poco a poco a todos los caminantes que nos preceden en una estrecha senda que va ganando altura sin descanso y por terreno pedregoso y la segunda es que en esos apenas siete kilómetros ascendemos 600 metros de desnivel. Este primer tramo lo superamos en poco más de una hora con un CaCo exigente.

Tras el primer avituallamiento (Collado Cervanco) nos adentramos en unos hayedos muy tupidos  y con senda en continuo serpenteo y sube-baja. En este tramo,  de unos 3,5 kms, pudimos mantener un ritmo medio-alto. El segundo avituallamiento (Manzanar) estaba en una divisoria que ofrecia unas vistas a 360º inigualables. MIentras reponemos fuerzas a base de tostaditas con miel y agua, nos damos cuenta de que el sol está apretando de lo lindo.

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Ahora nos esperaba un tramo de unos 5 k hasta el siguiente punto de control. Al principio tuvimos un tramo muy corrible de pista ancha y firme. Luego pasamos a un sendero estrecho  entre bojales y zarzas con un suelo salpicado de trampas. Llevamos 2 horas 10′ cuando alcanzamos el tercer avituallamiento (km 15) en la Majada La Castillo, dónde nos dan un bocadillo caliente que no entraba en la mochila.

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Desde este punto comenzamos el tramo más divertido, rápido y técnico de la Marcha. Pudimos contemplar las escultóricas de las Peñas de Tobía y el grandioso paisaje que nos rodeaba. Tras un kilómetro de pista en ligera pendiente, seguimos la trepidante bajada hasta alcanzar Tobía, dónde nos desorientamos un poco debido a la escasez de marcas.

Seguimos la carretera hasta alcanzar el GR-93 que nos llevaba pegaditos al río y que nos deja en las calles de Matute ( km 19 )

Pasamos al lado del avituallamiento en el que estaban empezando a asar un suculento salchichón con el que agasajarían a los andarines (estas son las cosas que tiene el hacer una marcha senderista en modo trail, que te quedas sin degustar la mayoría de los avituallamientos). Tras abrevar en la fuente del pueblo, callejeamos por las calles hasta encontrar la preciosas  Senda del Agua que, en esta época, estaba bastante seca.

En este punto nos alcanzó un trío de corredores con los que iniciamos una  dura subida de kms con 500 metros de desnivel y un sol de justicia que nos obligan a apretar los dientes, primero,  para alcanzar el último punto de control, La  Pala ( km 23 ), y, segundo, para seguir ascendiendo sin tregua hasta alcanzar la cumbre del San Quiles o San Quirico con unas inmejorables vistas  del pueblo de Anguiano.

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Aunque los cinco llegamos cansados a esta cumbre, la imagen del pueblo al fondo nos impulso en un vertiginoso y veloz descenso de 4 kms donde gastamos las últimas energías para disfrutar de una bajada preciosa.

Finalmente completamos el recorrido en 3h45′ sin exigirnos demasiado y disfrutando de un recorrido, una organización y un día espléndido.

 

RECUPERAR, ENTRENAR,…EXPLORAR

Después de una paliza como fue la Biosfera Trail (17 de  Abril), dediqué los siguientes tres días a descansar y al llamado descanso activo. Algo de bici, trote suave, muchos estiramientos y, sobre todo, un buen masaje de descarga. El cuarto día salí a trotar durante una hora y para volver a recuperar sensaciones de cara a la aventurilla que me esperaba el fin de semana.

El sábado 23 de Abril , participé en mi primer Raid de Aventura. Se trataba del II RAID DE AVENTURA VALLE DEL IREGUA, cuyo centro neurálgico era la localidad riojana de Nalda. Participé con mi amiga y compañera de fatigas montañeras Rosa Esperanza, impulsados por la ilusión de probar una disciplina deportiva nueva. La nuestra era la categoría “sólo correr” que consistía en una gynkana de pruebas (slackline, kayak, tirolina, apertura de caja fuerte por código de rumbos, superar una torre de cajas de cocacola) y de recopilación de distintas balizas valiéndonos de mapa, brújula y orientación en un tiempo máximo de cinco horas.

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Es una disciplina a la que cuesta cogerle el truco porque hay muchos parámetros a tener en cuenta y hay que dominar técnicas y habilidades muy específicas para sacar el máximo rendimiento, pero creo que nos salió mejor de lo que esperábamos.

Tras un titubeante inicio en el núcleo urbano y de tomar la decisión equivocada de hacer la prueba de la piragua (estaba demasiado alejada del resto de pruebas y tras el inevitable vuelco del kayak, me quede helado y me costó mucho tiempo recuperar buenas sensaciones), una vez metidos en la orientación pura, pudimos resarcirnos ya que se nos dio fenomenal y aunque yo todavía arrastraba un enorme cansancio del trail del domingo anterior, Rosa marcaba el ritmo y pudimos recoger  bastantes balizas. La zona de Peña Bajenza y del Chorrón de San Marcos fue el entorno perfecto por dónde se desarrolló la mayoría de pruebas y por donde había que realizar la mayoría de la orientación. La tirolina y la caja fuerte fueron coser y cantar. El regreso a Nalda lo hicimos volando y llegamos a tiempo para que Rosa se comportará como una auténtica araña en la prueba de la torre de cajas.

Una vez terminada la carrera y tras una reconstituyente ducha, nos hidratamos bien de cerveza y disfrutamos de unas suculentas patatas con chorizo.

Desde aquí quiero reconocer la encomiable y enorme labor y trabajo de los organizadores para poder llevar a cabo un evento tan complicado y con tantas aristas logísticas.Felicidades.

Para nuestra sorpresa, conseguimos el segundo puesto en categoría mixta.

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PD: tuvimos la suerte de compartir participación en el Raid con Tito y Kike (Alma máter del Nutrium Trail Team), lo cual le dio un puntito de sana rivalidad y jolgorio a la jornada. Ellos consiguieron un meritorio tercer puesto en categoría de pareja masculina.

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Como podéis imaginar, el lunes estaba muerto. Después de cinco horas sin parar y con el cansancio acumulado anteriormente, estaba bastante cansado. Hasta mitad de semana decidí descansar bien y el jueves ya salí a correr. El último fin de semana de Abril pude entrenar por el circuito  de la Kosta Trail en Sopelana pero las sensaciones no fueron del todo buenas.

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La primera semana de Mayo puede entrenar bien y recuperar fuerzas y el sábado participé en una de esas aventurillas por las que me encanta este deporte. Mi compañero de equipo Jesús Fernández me ofreció hacer una salida larga sin prisas. Y acepté.

Jesús es  un chico de Albelda con quién coincidí en 2014 en el Maratón de las Tucas. En la zona de meta nos reconocimos de habernos visto por Logroño. El había hecho un carrerón y me dijo que solo llevaba un año corriendo por el monte. Para mi era el debut en maratón de montaña y me conformé con llegar. Con la emoción de la llegada a meta, debimos intercambiar mal los teléfonos porque no volvimos a saber nada el uno del otro hasta hace unos meses que coincidimos en Nutrium.

Ahora él se ha convertido el un verdadero corredor de ultras y en un experimentado montañero que exuda pasión por el Trail y la naturaleza.

Pues ese sábado tuvimos la oportunidad de compartir pasión y de conocernos mejor. Me guió en un recorrido duro, inhóspito y precioso por el Cámero Viejo. Salimos a las 09.20 am desde Albelda de Iregua y rápidamente comenzamos a subir dirección al Rodalillo por un cortafuegos que no te deja respirar. Desde la parte alta nos dejamos caer hacia Clavijo y a través de unas sendas poco marcadas llegamos al camino que desciende al abandonado  Monasterio de San Prudencio.

Tras pasarlo, cogimos pista hasta la carretera que lleva a Ribafrecha; la cruzamos, y campo a través llegamos al pueblo.

Volvimos a ganar altura poco a poco por unas pistas muy corribles y que nos ofrecieron unas magníficas vistas del entorno. Tras unos kilómetros tomamos una senda que ascendía sin piedad. Tras un rápido descenso, otra vez por pista, primero dirección a Zenzano y luego desviándonos a un embarrado camino a la derecha, nos metimos en el Arroyo Mudarra que nos descubrío un sendero poco transitado, técnico y hermoso. Tras un rato de ascenso lento llegamos a los Corrales de Zorraquín (a los pies del Pico Cucurucha) desde donde divisamos muestro punto intermedio y primera parada para reponer fuerzas. Tras una vertiginosa bajada por una senda muy técnica y llena de piedras,llegamos al hermoso pueblo de Soto de Cameros (2h 50′).

ARROYO MUDARRA
ARROYO MUDARRA
CORRALES DE ZORRAQUIN
CORRALES DE ZORRAQUIN
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SENDA A SOTO
SOTO DE CAMEROS
SOTO DE CAMEROS

Tras recargar agua en la fuente de la plaza, comenzamos un largo  y tendido ascenso en dirección a Luezas. Éste fué para mí el momento mas duro porque tras el pequeño parón las piernas se enfriaron y protestaban a cada metro de ascenso. Jesús, sin embargo trotaba a ritmo constante y me animaba a seguirle.

LUEZAS
LUEZAS

Me costó pero al final conseguí recuperar sensaciones y las piernas empezaron a ir más ligeras. A la altura de Luezas, el camino viró a la derecha y seguimos subiendo hasta ver el Dolmen de “El Mallo”.

DOLMEN DEL MALLO
DOLMEN DE “EL MALLO”

Unos metros más de ascenso y comenzamos a descender rápidamente por la pista que lleva a Clavijo. Nos desviamos por unas sendas a la izquierda del camino y llegamos al cortafuegos. En vez de descenderlo, pudimos disfrutrar de tres kilómetros de senda técnica pero rápida que nos llevo hasta la pista que nos devolvía a Albelda tras 5h20′, 37kms y algo más de 4000 m de desnivel acumulado.

Fué para mi la primera tirada de más de 3h entrenando del año y termine muy contento y con buenas sensaciones. Lo mejor de la jornada fué descubrir que Jesús y yo  compartimos una visión de la montaña y del Trail  idéntica en lo esencial y además descubrí lo gran compañero y corredor que es. Es de los pocos corredores populares que conozco de los que se puede aprender mucho. Gracias Jesús por dejarme compartir contigo una jornada de las que espero que se repitan en un futuro.

La semana siguiente tuve que adaptar el entrenamiento a las exigencias del trabajo y hasta el miércoles hice poca cosa. El miércoles por la tarde y el jueves puede entrenar a tope.

SALIDA DE RECONOCIMIENTO DEL TRAIL LARGO DE BRIEVA DE CAMEROSBRIEVA DE CAMEROS 2     Descansé dos días enteros ya que el domingo había quedado con otro compañero de Nutrium (Eduardo González), alma máter de una de las pruebas que en mi opinión está llamada a ser no sólo un referente en La Rioja sino también a nivel nacional,para realizar el recorrido de la prueba de Larga Distancia del Trail de Brieva de Cameros.

Para mi sorpresa Edu también había convocado a la salida al que probablemente sea en mejor corredor de montaña de La Rioja, el najerense Óscar Barriuso.

La mañana salió fresquita y perfecta para la práctica del Trail. Los primeros tres kilometros los realizamos por una pista hasta alcanzar la famosa “Escalera de Brieva”, un sendero hermoso con una subida tendida pero que no da tregua. Las vistas eran impagables.

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ESCALERA DE BRIEVA DE CAMEROS

La tierra rezumaba agua y verdor. La niebla cubría las partes altas hacia las que nos dirigíamos. Seguimos subiendo por una ladera que engaña en su dureza. Son cuatro kilómetros de ascenso que no te deja respirar. La pendiente llama a correr pero cuando llevas un rato trotando las piernas protestan. El terreno, cubierto de pasto de montaña, se hace pesado. Metidos entre la niebla, Óscar y Edu me han dejado atrás. No sé ve nada y tampoco está marcado el itinerario. No puedo seguir su ritmo, eso ya lo sabía antes de salir. Me gritan para que me oriente en su dirección y por el sonido noto que tampoco los llevo tan lejos. Me ayudo del pulsómetro para seguir el track que el día antes cargé. Me salva. Me sorprendo de la exactitud que tiene. Ahora me alegro de haber pagado lo que me costó.

Hasta que los tengo a tres metros no los veo. La niebla nos deja fríos e inmediatamente emprendemos los cuatro veloces kilómetros de vuelta al pueblo, primero por una ladera muy empinada y corrible y luego por un vertiginoso, peligroso y técnico sendero.

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VISTAS DE BRIEVA ANTES DEL PRIMER DESCENSO

Llegamos al pueblo y hemos completado la primera parte de lo que será el Trail Largo y el recorrido del Trail Corto (11,5k/900m+) en 1h40′. Y ahora, como dice Edu, empieza el Rock’n Roll…

Por un camino que bordea el pueblo alcanzamos las piscifactorías. Las dejamos atrás a través de un sendero, en dirección al Nacedero, que nos mete de lleno en el barranco por el que discurre el río Brieva.

Encajonado  entre dos paredes verticales, vamos ganando altura poco a poco  por un sendero a la izquierda del río. Lleva mucha agua y se forman pequeños saltos y pozas que alegran la vista. El suelo esta empapado. Las zapatillas hace rato que van caladas y creo haber acertado poniéndome las polainas. Mis dos compañeros siempre van unos metros por delante y cuando Edu se para a explicar el recorrido los alcanzo, recuperamos un poco y para arriba. Pasamos la Cueva del Gato, dejamos el cómodo sendero y bajamos al cauce de río. De ahora en adelante la ruta se convierte en un constante cruce del río. Hay que atravesarlo en varios puntos. El terreno está muy mojado. Aquí las polainas ya no sirven de nada. Con los pies calados pero disfrutando como un chiquillo, seguimos subiendo por un terreno técnico y, a veces, embarrado. El cañón del río se ensancha y salimos a unas campas que siguen subiendo y nos permiten contemplar las cumbres que nos rodean y que  parecen estar llamándonos.

CUEVA DEL GATO
CUEVA DEL GATO
camino del nacedero
CAMINO DE NACEDERO

Tras un rápido refrigerio, nos decidimos a encarar la parte más dura de la carrera que nos llevará al techo de la misma, la cumbre Cabezo del Santo (1854m). Desde la campas atravesamos un estrecho barranco situado a nuestra izquierda. Llegamos a otras campas y giramos en dirección al refugio. Desde este subimos caminando a paso lento pero constante por un sendero al principio bien pisado pero que desaparece a media ascensión. Otra vez el track de reloj se hace indispensable porque los he vuelto a perder de vista. Los oigo cerca pero no los veo. La parte de menos visibilidad coincide con la parte más técnica por que vamos ascendiendo por una ladera de roca viva que en su última parte tiene una pequeña trepa. Seguimos ascendiendo lentamente entre la niebla y llegamos a la cima.

CABEZO DEL SANTO
CABEZO DEL SANTO

No se ve nada por la tupida niebla. Hace frío y nos abrigamos. Bebemos y comemos algo y nos tiramos a un descenso en un principio por ladera de piedra y luego por una loma muy rápida. Alcanzamos rápidamente una pista con unas vista a Montenegro de Cameros insuperables.Seguimos la pista buscando la formación rocosa conocida como ” El Camello” y tras dejarlo atrás nos metemos en una vaguada verde y espectacular en la que damos rienda suelta a las piernas.

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LAS TORRECILLAS O “EL CAMELLO”

Hacemos dos kilómetros a una velocidad increíble. Pero la cosa se complica, ya que el sendero, a pesar de seguir haciendo que perdamos altura, se convierte en irregular, lleno de agujeros de pezuña de vacas y caballos. Es un descenso técnico y largo dónde,sin duda, se decidirá la carrera.

Tras unos cuatro kilómetros de brutal descenso, tenemos un ascenso no muy duro pero que sí requiere de fuerza a estas alturas. Es poca distancia y poco desnivel pero ya llevamos mucho de ambos acumulado y las fuerzas van al límite. Bajamos un poco el ritmo y nos reagrupamos los tres para afrontar lo que será la jugada maestra de la carrera.

Llegamos a unas antenas situadas en una pista desde la que ya se divisa el pueblo. Nos detenemos y Edu nos informa de que está pensando en meter la carrera por un recorrido menos técnico, menos peligroso y más corrible en este último descenso. Pero Óscar y yo le convencemos de que hay que terminar a lo grande.

Y ¡a la carga…!Nos lanzamos como locos a un brutal descenso por una pared casi vertical que nos va a llevar al pueblo en un kilómetro apróximadamente. Es una locura: es técnico, con una pendiente endiablada, es salvaje y a la vez hermoso ya que, si tienes el coraje de alzar la vista del suelo, ves el pueblo y puedes imaginar como será el día de la carrera con toda la gente viendo esa infernal bajada y animando a cada corredor a dar los últimos pasos.

Esto es una auténtica carrera de montaña por montaña.

Ya en el pueblo, y entre anécdotas de carreras y risas, damos buena cuenta de unas cuantas cervezas y pinchos en el bar del pueblo. Edu y yo seguimos reponiendo fuerzas con un suculenta comida y por la tarde nos divertimos buscando a sus caballos por un entorno precioso y sobrecogedor.

“BIOSFERA TRAIL 2016”-CIÑERA DE GORDÓN (LEÓN)

Después de reposar pensamientos, sentimientos e ideas durante unas semanas y ver con perspectiva mi participación en esta carrera, puedo afirmar que la Biosfera está llamada a ser una carrera con mucho nombre y futuro. Es una carrera de montaña por auténtica montaña. Es lo que yo creo tiene que ser una carrera.

Tiene alma. Un alma minera, que le da un carácter rudo y salvaje pero a la vez amable y acogedora. Desde el primer metro te exige humildad para recorrer su escarpado relieve y para dejar que disfrutes sus bellos paisajes. Si intentas doblegarla, te dejará exhausto.

La organización tiene el espíritu de lo hecho con cariño. Como cuando tu madre te preparaba la comida del domingo, dedicándole muchas horas. Los cuidados detalles organizativos le dan ese carácter hogareño: personas de la organización infiltrados entre los que  corren para ofrecer consejos y guiar en las zonas de paso mas delicado, gente animando a lo largo de todo el recorrido, otros colocados en lugares conflictivos para que nadie se pierda, balizas cada 10-15 metros (eso en un trazado tan abrupto requiere un trabajo increíble que es de agradecer), los cuidados avituallamientos y la amabilidad de sus voluntarios, el intentar complacer con una bolsa de corredor muy correcta, ofrecer la posibilidad de comer allí para la gente que se desplaza desde lejos o no quiere moverse…Detalles y más detalles, pequeños pero importantes.

Para mi suma todos los principios del espíritu de las carreras por montaña: cuidado medioambiental, organización milimétrica, trazado balizado con segurodad , voluntarios entregados y cuidado máximo al corredor popular. Además creo que la Biosfera terminará convirtiéndose en un pequeño salvavidas económico de una zona maltratada desde que la minería no funciona. Plantar una carrera en una reserva natural tiene que tener más sentido que el simple hecho de disfrutar corriendo…tiene que aportar algo a sus gentes. Y la Biosfera les ofrece una posibilidad de nueva oportunidad de seguir viviendo en un entorno espectacular y que los ha visto crecer.

Muchos corredores comentaban que “nada que envidiar a Zegama”. Las comparaciones son odiosas pero espero que se convierta en la carrera referencia de León. Lo tiene todo…

BIOSFERA TRAIL 2016A principios de año, cuando el calendario de carreras todavía está en el aire, mi amigo César Veloso me tentó con esta carrera. ” Es cerca de mi casa. Nos pegamos un festival de tapas por León y el domingo carrerita por el monte y para Logroño”- me dijo.

Tardé dos segundos en abrir el enlace que me envió.Y tardé otros cinco segundos en decidir que quería correrla.

A lo largo de los días, estuve viendo imágenes y vídeos, leyendo entrevistas pasadas,posts y opiniones de quiénes habían participado en las anteriores ediciones. A medida que iba teniendo más información sobre la carrera, me dí cuenta de que dónde me estaba metiendo era un lío de los gordos. ¡Vaya ojo tienes, César!

Estuvimos pendientes de la apertura de inscripciones y el día que abrieron conseguimos, con dificultad por sobrecarga de la web, hacernos con un dorsal.

Para alguien novato en este mundo del Trail, que no se preocupa de medir el desnivel ni de estudiarse el recorrido, 26km pueden parecer una carrera más; con 2000 m+, una carrera más, pero dura; pero cuando te tomas el tiempo suficiente para hacer un recorrido virtual sobre la zona, para leer unos cuantos comentarios de corredores en ediciones pasadas, te das cuenta de que Biosfera tiene algo especial.

Desde la inscripción creció la impaciencia y las ganas de estar ya en la salida. Nunca me había enfrentado a  ese desnivel en tan poca distancia. La incertidumbre siempre produce miedo. Pero de la incertidumbre conseguí que naciera la ilusión para intentar llegar lo mejor posible a ese día. Los meses previos pude entrenar sin contratiempos pero no pude hacer todo el desnivel que sería necesario. Aun así, los veinte días previos a la carrera los entrenamientos fueron buenos. Hice un par de salidas por mi cuenta de unos 20k con 2000 metros de desnivel acumulado aproximadamente, varias salidas en BTT con bastante desnivel, entrenamientos de fuerza resistencia y como prueba participé en la Marcha Senderista de Ribafrecha (26 km/1150m+/3h10′). La semana previa realice un par de entrenamientos de calidad y puse rumbo a León.

El viernes noche lo dedicamos a hacer una incursión en profundidad por el  Barrio Húmedo y zonas aledañas para darnos un homenaje de tapas. El sábado por la mañana, bajo un buen aguacero, conseguí arrastrar a César, bien temprano, a hacer unos 40′ de trote suave con unos progresivos. Luego desayuno importante y turisteo toda la mañana. La tarde la dedicamos a descansar y, tras una buena siesta, preparar todo lo necesario para el día de la carrera.

El domingo tardamos unos 35′ en llegar de León a Ciñera de Gordón.Tras aparcar, notamos que había ambientillo trailrunnero en el pequeño pueblo. La zona de recogida de dorsales y bolsa de corredor estaba atestada de personal de la organización y corredores. Primeras fotos del ambiente y con un semidios del Trail, el speaker Depa.

Pudimos charlar con él uno cinco minutos y nos dimos de que su fama de persona amable y cercana se la tiene ganada con creces.

También coincidimos con el gran Salva Calvo.
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Tras el control de dorsales, accedimos a la alfombra de salida! Rock a todo trapo. Olor a adrenalina, sudor e incertidumbre. Alegría a raudales. César y yo estamos en media de la marabunta. A lo lejos y,sobre nuestras cabezas, dos drones captan las primeras imágenes de los corredores. Depa no deja de animar y de sacar las declaraciones a corredores tanto conocidos como desconocidos.

Con puntualidad británica, a las 09:00 arranca a carrera. Vuelta por las calles del pueblo, como tiene que ser. El calor y el ánimo de un pueblo volcado con su carrera, nos llena de energía para afrontar los primeros kilómetros de calentamiento. Pronto llega la primera subida. Con las piernas todavía entumecidas, nos metemos en un sendero estrecho, empinado y rocoso que nos lleva a la primera cima de la carrera, Peña Colorada.13015650_1034053039964279_5607018117073070135_n

Este primer calentón nos despierta los músculos. En la parte alta, corremos por una preciosa cresta. Me paro, miro hacia atrás y, además de una serpiente multicolor de corredores, puede ver el pueblo al fondo y apreciar la verticalidad de los valles mineros de esta parte de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga. Además de belleza, esta geografía transmite dureza. Una dureza que se aprecia en la gente que vive en esta zona. Gente curtida en mil batallas mineras. Supervivientes de una economía en extinción, que en vez de rendirse, siguen, paso a paso, luchando por un nuevo futuro, con ilusión renovada y con la fuerza y las ideas de la nuevas generaciones y con la experiencia de sus mayores.

Dejo mis elucubraciones mentales, y me centro en el camino. Hay que estar atento. La hermosa cresta no da tregua y una mala caída puede ser fatal. Al rato, cruzamos un tardío nevero. La nieve está dura y oscura de las pisadas que me preceden. A César, lo llevo a unos 400 m por detrás. Cada uno va metido en su lucha y en sus pensamientos.

El camino sigue subiendo. De vez en cuando tenemos doscientos o trescientos metros corribles pero siempre picando hacia arriba. El piso esta muy húmedo; encharcado en muchos tramos. La copiosa lluvia de las últimas semana se ha encargado de darle un punto más de dureza al recorrido. La primera bajada es un alivio para las piernas. Me lanzo con ganas pero aún reservón. Paro en el avituallamiento, saludo y doy las gracias a todos los voluntarios allí presentes.

El segundo ascenso, a Cueto, se inicia rápidamente tras el descanso. Es un duro ascenso y la parte más alta de la carrera. En algunos tramos me fuerzo a trotar para que las piernas no se acomoden a sólo andar.Atravesamos un frondoso encinar (monte de Fayabajo), que alegra la vista y el olfato, y nos introducimos en un robledal (Alto del Rasón), el cual nos lleva por un pedregal hasta la cima. Nos encontramos con una bajada no demasiado larga pero muy técnica y delicada. Será una constante, y un punto más para la organización, el haber colocado a voluntarios unos metros antes de los puntos más conflictivos para dar consejos a los corredores. Es un descenso lleno de lajas mojadas y afiladas.Me llevo un buen corte en la mano izquierda del que ni me entero. Cada uno busca la manera mas adecuada de salvarlo y con métodos poco atléticos, en la mayor parte de los casos, vamos llegando al sendero por el que continúa la marcha. Tras cruzar un túnel anegado de agua de unos 250 metros y en el que la única luz es la de un móvil de un voluntario y la linterna de otro, llegamos al segundo avituallamiento. El corte ha empezado a sangrar; lo limpio y aprieto para que se detenga la hemorragia pero no lo hace. Decido ignorarlo. Apenas me detengo ya que me encuentro bien de fuerzas. Bebo agua e isotónica; como un cuarto de plátano y dos onzas de chocolate. Me uno a un pequeño grupo que lleva mi  ritmo. Subimos corriendo por una pista y nos adentramos en el robledal de Monte de la Mata. Me tomo el segundo gel de la mañana (el primero me lo tome 10′ antes de salir ya que la primera salida estaba demasiado cerca y era dura para unas piernas frías; cualquier ayuda sería bienvenida). Llegamos al Pico Cuchillar y empezamos a bajar a hacia Ciñera para alcanzar los caminos de la antigua vía de la mina.  Volvemos a subir por un fantástico hayedo (Faedo creo que le llaman) cuya senda es un pequeño río. Respetando el camino marcado, no hay más remedio que correr o andar sobre el agua. La subida se hace dura y penosa y aquí noto un pequeño bajón de fuerzas. No pienso en nada. Solo miro a mis empapados pies y sigo paso tras paso. Pasan los metros y las malas sensaciones siguen. Me detengo un minuto. Levanto la cabeza. Me encuentro en medio de una naturaleza hermosa y  a la vez implacable. Noto frío. Ahora empieza a llover suavemente.Estoy calado de  pies a cabeza. Mis piernas me duelen pero no lo suficiente para detenerme. Sigo adelante. Esta sensación ya le he tenido en otras ocasiones. Solo pienso en salir del hayedo y encontrar una bajada que me ayude a entrar en calor y buenas sensaciones. Llego a la cima ( Los Casetones). Las vistas son increíbles. Una pequeña bruma se levanta en el fondo del valle. La vegetación exuda el exceso de agua. Es una visión mágica. Pero no tengo mucho tiempo de disfrutarla y sigo adelante para no enfriarme. Tras media hora de penurias, he recuperado un poco las sensaciones y vuelvo a trotar con energía aunque las piernas empiezan a quejarse.

Varios voluntarios nos avisan de que estamos a punto de llegar al tramo  más peligroso de la carrera por lo embarrado y por su fuerte pendiente. Es una zona de vegetación baja.El sendero cae por una ladera entre los que los del lugar llaman ” escobas”. Son estos arbustos los que evitan que nos matemos. Vamos agarrándonos a uno y a otro lado para no adquirir demasiada velocidad. Los pies son incontrolables. Pierdo de vista al que llevaba delante y no oigo al que me seguía.  No es larga la bajada pero se me hace eterna. Me duelen las manos de agarrarme. Las piernas protestan. La inestabilidad las hace sufrir el doble. No hay un paso igual que el otro. Los patinazos son constantes pero consigo mantenerme a duras penas en pie y no me caigo. Llego todo embarrado y agotado a final de la bajada y en cuanto el sendero se pone llano, me pongo a correr como un loco y alcanzo a los dos corredores que me preceden. Llegamos al  arrollo de Villar que lleva muchísima agua. Tenemos que pasarlo por una escalera hecha con troncos. Hay gente animando y eso nos da fuerzas para seguir corriendo un rato más. La senda esta llena de charcos pero ya no nos preocupa. Uno de los chicos que va conmigo aumenta el ritmo. Se despega. De nuevo estamos en dirección a Ciñera  atravesando las marmitas y la hoz de Villar. Regresamos al Faedo y tras unos minutos de carrera alcanzamos el tercer avituallamiento.

Vuelve a llover con ganas. Los sándwiches de Nutella estan bajo un plástico para no mojarse. Cojo medio y comparto un cuarto con el chico que me ha acompañado los últimos kilómetros. Un puñado de gominolas, dos tragos de isotónico y otros dos de agua. Emprendo la marcha solo porque el chico se acerca a los sanitarios y allí se queda.

Otra vez toca subir. Las piernas han vuelto a enfriarse y la subida no perdona. Comienzo a un paso ridículo. Pero me animo al volver a ver al chico que antes nos dejó atrás. Va con bastones y está parado debajo de un haya. Paso a su lado y le pregunto si necesita ayuda y me dice que no. Prosigo. Subimos por una canal vertical hacia la Collada del Villar. Me encuentro con un par de trepas que solvento sin contratiempos  y que me permiten observar unas vistas preciosas. Nadie me sigue. Realizo el tramo de cresta  y de descenso técnico con fuerzas y con mucha alegría. Recupero las ganas. Apenas me quedan cuatro kilómetros para terminar. Cruzo un río de agua helada. Agua hasta la rodilla. Me dan ganas  de quedarme un ratito para dar tregua a las piernas. Las noto hinchadas por el esfuerzo. Desciendo por unos prados embarrados y por las pasarelas de madera colocadas sobre el caudaloso río más rápido de lo que debería a  estas alturas del cuento. Corro y no pienso.  Un chico patina y se cae. Me detengo de golpe a ayudarlo y al frenar casi me caigo yo. Los dos estamos bien. Vuelvo a acelerar  y consigo adelantar a unos cuantos corredores. Los sobresfuerzos de los primeros tramos se hacen notar. Llego al ultimo avituallamiento, que puesto que hemos realizado un  bucle, es el mismo que el tercer avituallamiento. Me como otro cuarto de sándwich y dos gominolas. Bebo y me tomo una pastilla de sales.

Miro hacia arriba y me digo a mi mismo que esa ya es la última subida. Me pongo al ritmo  de un asturiano que me precede y  que sube mejor que yo. Su ritmo me lleva hasta arriba pero poco a poco empieza a perder ritmo y  le relevo. La cima (el Sardonal) parece no llegar nunca. Recorremos el cresteo juntos pero empiezo a notar que no sigue mi ritmo en los tramos técnicos de la cresta. Bajo el ritmo para que me coja un par de veces pero nada. Me dice que siga sin él. Sigo hacia adelante  a lo largo de sendero plagado de obstáculos. Más que correr voy saltando. Por fin llego a la cruz que marca la ultima cima. Última trepa y a por la bajada que me llevará a Ciñera.

¡Vaya bajada final! Una pendiente de entre el 40% y el 60% de pendiente por sendero estrecho y empedrado. Me lanzó con temor los primeros metros pero poco a poco voy adelantando a corredores y me animo. Consigo bajar muy rápido y me la juego en un par de curvas. Increíblemente mis  piernas consiguen aguantar el esfuerzo sin desfallecer. Llego a una senda desde la que se divida todo el pueblo y ya puedo escuchar la megafonía. Me queda un kilómetro y solo pienso en que Idoia lleva mucho rato esperándome pero ella no sabe que el mejor premio que hoy tendré será tenerla a ella en meta. Son las ganas de abrazarla y de verla lo que me hace correr los últimos metros con alegría y recoger mi medalla de hulla de Gordón que me acredita como finisher de esta épica Biosfera Trail 2016 (26km/4400m desnivel acumulado en 5h 07′).

 

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¿ES EL TRAILRUNNING UNA CONDUCTA ADICTIVA?

La adicción es la necesidad creada por el uso y abuso de  una sustancia, actividad o relación, la cual proporciona una satisfacción que se convierte en indispensable en el día a día de la persona. La conducta adictiva lleva, al que la padece, a la búsqueda constante de esa satisfacción mediante la repetición  habitual de una actividad específica. Se convierte en una compulsión recurrente para lograr revivir, una y otra vez, el estado de bienestar que nos proporciona su realización. Se establece, así, una relación de dependencia entre persona y sustancia, actividad o relación.

Cuando por alguna razón entramos en un período de abstinencia en el que no se puede realizar esa actividad, la persona se vuelve irascible, ansioso, desasosegada…Un profundo malestar se apodera del individuo y todas sus energías se volcarán en intentar paliar esa necesidad.

A medida que realizamos más y más dicha conducta o actividad, en la misma medida crecerá la tolerancia a dicha conducta y para conseguir la misma satisfacción anteriormente experimentada necesitaremos una mayor cantidad y/o calidad de actividad para lograr el placer buscado.

Las rutinas diarias del adicto se articulan alrededor de un único fin: conseguir llevar a cabo  la conducta o actividad que le proporcione bienestar y placer. Esa búsqueda constante, desplaza todo lo demás…se convierte en obsesión.

Todas estas características son atribuibles a cualquier actividad que resulta indispensable en nuestro día a día si dicha actividad llega a condicionar el resto de roles que deberíamos asumir o realizar. Todas las adicciones, si condicionan nuestra forma de vida, pueden llegar a convertirse en actitudes enfermizas que, excepto para el que las realiza, son incomprensibles.

Está  científicamente demostrado que la práctica del  deporte genera endorfinas, las cuales son opiáceos generados por el propio cuerpo mucho más potentes que cualquier medicamento contra el dolor. Con actividades simples (quedar con amigos, caminar, correr, bailar, escuchar música, visualizar paisajes o imágenes placenteras…) nuestro organismo es capaz de generar, al menos, 20 tipos distintos de endorfinas. El simple hecho de “pasarlo bien” hace aumentar sus niveles.

Las endorfinas son a la vez estimulantes. A medida que se liberan nos dan la percepción de que podemos ir más allá, más rápido,…llevan a querer más de lo mismo  y con mayor intensidad.

Llegamos a creer que cada vez tenemos más capacidad para pasar al siguiente nivel. Aumentan nuestra autoconfianza hasta niveles increíbles, nos dan energía para continuar.

Además de las endorfinas, el deporte también ayuda a la liberación, entre otras sustancias, del neurotransmisor dopamina, la cual nos hace sentir eufóricos y llenos de placer con la actividad que estamos realizando…Es la misma reacción que se produce al consumir algunas drogas ilegales.

Creo que el trailrunning puede llegar a convertirse en una adicción, en una necesidad vital para su bienestar físico y mental para todos aquéllos que lo vivimos y sentimos con pasión. Para mi tiene todos las características para enganchar quién lo prueba: si quieres vivir la experiencia de la Ultradistancia cada día tienes que aumentar un dosis de esfuerzo para lograrlo, si quieres ser capaz de hacer carreras con mucho desnivel tienes que endurecerte, si quieres vivir sensaciones únicas en la montaña has de recorrerla durante horas, todo esto requerirá que priorices tus entrenamientos, tus carreras, tus compras de material ante todo lo demás. Llegará un momento en que el Trail, y el salir rápido por la montaña, serán tu único hobby, tu pasión, tu vida…

Si empiezas a notar que acciones, ideas, sentimientos o pensamientos como las que enumero a continuación ocurren habitualmente, estás perdido…nunca volverás a ser lo que eras. ¡¡¡Te estás convirtiendo en un … ADICTO!!!

Veamos:

  • Las conversaciones con tus amigos acaban siempre tratando de lo mismo: carreras, zapatillas, rutas, desnivel, mochilas,… Si ellos no sacan el tema, ya lo sacas tú…
  • Como la conversación con los amigos te ha sabido a poco, llegas a casa y le sigues dando la tabarra a tu pareja con más de lo mismo.
  • Cuando planificas tus vacaciones, lo que primero miras es si hay una carrera cerca.
  • Tratas de venderle a tu pareja la excelencia del entorno en que se desarrolla la carrera que quieres correr y lo bien que se lo va a pasar esperando siete horas a que acabes la maratón…
  • El 90% por ciento de tu vestuario es ropa de monte o de Trail. Tienes más pares de zapatillas que de zapatos de vestir. Y siempre hay hueco para un par más.
  • Conoces el catálogo de zapas de cada marca para cada terreno, distancia y tipo de corredor. Drop,  upper, suela, mediasuela,…son tus palabras preferidas.
  • Utilizas los 10k de tu ciudad como “día de descarga”. Mientras todos van por el asfalto, tú vas subiéndote a los bordillos, a los bancos, saltando perros y esquivando niños y mayores.
  • Tu planning marca << 30’ suaves>>, pero empieza a llover y decides que ese será tu día de “tirada larga”.
  • Los fines de semana te levantas más temprano que para trabajar y cuando sale el sol te descubres desayunando una barrita energética y bebiendo de un tubo de plástico en el pico más alto de tu valle.
  • Lo que los demás llaman perderse, para ti es la posibilidad de descubrir nuevas rutas y exprimir más tu resistencia física y mental.
  • ¿Por qué ir por esa pista si se puede subir monte a través?
  • Nunca piensa que hace frío sino que vas demasiado lento.
  • Planificas una carrera al mes, pero te apuntas a todas las que van saliendo.
  • Estas haciendo tu mejor carrera y te paras a ayudar un corredor que no conoces de nada por que le ha dado una pájara. Llegas a la meta habiendo perdido la posibilidad de subir al pódium pero habiendo ganado un amigo y sintiéndote parte de un deporte diferente al resto.
  • El día que más disfrutas es el que te olvidas del pulsómetro en casa.
  • Si para los demás un fin de semana ideal es irse de escapada romántica a una casa rural, para ti es irte al barro, el frío y la lluvia de Zegama.
  • No temes que te visite la pájara, sino que, si llega, te haces su amigo y la invitas a café, CocaCola y barritas energéticas.
  • No eres un pro pero tienes su mismo calendario, su misma dieta, sus zapatillas y su camiseta.
  • Terminas una carrera de 12h y ya estás pensando en la siguiente.
  • Vas aumentando la dosis de kms y desnivel para sentirte vivo y feliz.
  • Un día sin entrenar y estás que te subes por las paredes. ¡La abstinencia es insoportable!
  • El dinero de las cenas fuera de casa lo ahorras para pagarte un entrenador y un fisio.
  • Te duermes leyendo las últimas noticias del mundillo en diez o doce publicaciones relacionadas.
  • Eres un tipo duro ( o “tipa” dura), pero te emocionas ante unas vistas espectaculares en medio de una carrera, lloras ante la superación de los malos momentos, amas cada hora de sufrimiento físico porque el placer psicológico es inmensamente superior.
  • Tienes claro que lo que haces merece la pena, que cada minuto en medio de la tormenta, atravesando valles y barrancos, sintiendo los latidos de tu corazón a mil te acerca más a lo que quieres que en adelante sea tu vida.

Puede que estos sean los primeros indicios de un adicto al Trail, pero se acabarán convirtiendo en tu modus operandi, serán tu filosofía de vida, arrastrarán a todos y a todo…

Mi consejo, para sobrevivir y vivir  la adicción sin que se resienta ninguna de las demás facetas de la vida (pareja, amigos, familia,…), es que trates de encontrar un equilibrio entre el disfrute y la locura, que trates de hacer ver a los tuyos, a los que más quieres y a los que más te quieren, que para ti es importantísimo disponer de esos momentos en la naturaleza y poner tu cuerpo a prueba para sentirte libre pero recordando siempre que los populares no vivimos del Trail y, aunque nos apasiona, no merece la pena desplazar el resto de las facetas de nuestras vidas por una única pasión. Hay que tratar de integrarla en nuestra vida pero no que sea lo único en ella.

HACERSE TRAILRUNNER

10092Correr es un acto simple. Dar un paso tras otro, un pie delante del otro lo más rápido posible. Aprendemos a hacerlo desde niños. Además es un acto que nos da libertad ya que nos permite escapar del que nos persigue en nuestros juegos, alcanzar antes lo que nos ofrecen, llegar más rápido a nuestro destino,…Con el tiempo, hay personas que lo convierten en el método de mantener la salud, otros en la manera de superar retos y otros simplemente en un método más de socializar con sus congéneres. Personalmente pienso que, además de esto todo, el Trail tiene el potencial suficiente como para convertirse en una filosofía de vida.
Seguramente, hace siglos, lo que ahora llamamos Trail era un medio indispensable de llevar mensajes, desplazarse de un lado para otro y de relacionarse. Por eso, los que lo hacían, no se planteaban si nacían o se hacían corredores de Trail. Para mí, en la actualidad, el TrailRunner se hace. Aunque, probablemente, en algunos sitios de la Tierra, recorrer caminos a pie sirva todavía para los antiguos fines de comunicación, negocio y relación social, el modus vivendi de la sociedad en nuestros días tiene medios y métodos más eficaces, rápidos y eficientes que el desplazamiento a pie. Y correr es, ahora, solo un deporte que muchos practicamos a manera de hobby y unos cuantos como profesión.
La mayoría corremos por los lugares que tenemos más a mano. Los que vivimos en la ciudad, lo hacemos por asfalto o caminos cercanos; los profesionales usan el tartán de una pista para exprimirse. Los que viven en un pueblo suelen usar pistas forestales y caminos agrícolas para ejercitarse. Y eso es perfecto hasta el momento que decides que para ti correr, imprimir a tu cuerpo un movimiento rápido, repetitivo y ágil, es un método no solo de encontrar el bienestar físico sino también mental.
Ese bienestar, normalmente, lo alcanzamos cuando terminamos un entrenamiento o una competición y lo hemos dado todo. Pero durante su realización hemos sufrido, hemos llevado al cuerpo al límite y la mente únicamente estaba pendiente de la ejecución eficiente del movimiento a gran velocidad.
Yo un día me cansé de eso. De solo disfrutar del bienestar después de haber sufrido.
Y de repente, me encontré con que había gente corriendo por montañas, escalando picos vertiginosos a velocidades vertiginosas. Algunos incluso lo hacían sin cronómetro, sin dar importancia al tiempo final, sino al tiempo del transcurso. Algunos de los mejores, eran capaces de aplacar el ego y compartir la gloria del escalón del pódium con el corredor que les había acompañado durante el camino. Y cuando respondían preguntas de los curiosos decían que lo único importante es que habían descubierto un sitio aquí y otro más allá que les tenían fascinados, que lo realmente importante no es el resultado sino el camino por el que vas y con quien lo recorres.
Entonces me di cuenta que además de disfrutar que para disfrutar del “durante” es muy importante el camino que eliges. Y, aunque es la misma actividad, correr por montaña no tiene nada que ver con hacerlo por otras superficies.

Primero empiezas probando por cortafuegos, pistas y sendas estrechas. Pero cuando llevas un tiempo haciéndolo, notas una inquietud interior que te pide que pruebes fuera de lo marcado. Y de repente un te encuentras que un placito trote por la pista de siempre se convierte en un zigzag constante entre pinos, hayas, en un trepar por riscos, en la búsqueda de la cresta mas aérea, en abrir rutas nuevas… Y también llega un día en el que te hartas de ir pendientes del crono y empiezas a dejarte llevar por tus sensaciones corporales y mentales hasta que de repente te reencuentras con sensaciones, emociones y experiencias olvidadas.
Cuando llega ese momento, ya te has convertido en un Trailrunner.
El primer día que salí a correr por el monte que rodea mi casa, hace aproximadamente unos seis años, algo cambio en mí. Lo que sentí no me sorprendió.
Llevaba muchos años haciendo deporte como mucha gente: en un gimnasio, en la piscina, en el asfalto…todo valía con tal de sentirme en forma y parte de algo.
Por mi trabajo siempre he necesitado estar tener una condición física aceptable pero durante casi diez años me descuide mucho y no solamente me di a la mala alimentación y sedentarismo sino me convertí en lo que nunca había sido, un urbanita.
Aquella salida me dio la oportunidad de empezar de cero. Y a los pocos meses encontré la ocasión para llevar a cabo la metamorfosis sin disculpas. En 2011 dispuse de 6 meses que aproveche para transformarme.
Un año antes de ese periodo había tenido conocimiento de los récords y victorias de Kilian Jornet. No tenía ni idea del mundo de las carreras de montaña ni de la ultra distancia. Comencé a leer y a interesarme, más que por sus resultados, por su filosofía de vida. Me impacto que alguien nacido casi en el siglo XXI, tuviera unos principios tan claros y alejados de la tónica habitual de nuestra sociedad avanzada. Un chaval que disfrutaba más corriendo y saltando por el monte que con una video consola. Fue entonces cuando intuí que el deporte que él practicaba tenía que tener algo más que tiempos y récords para no necesitar nada de la modernidad y, tal y como él aparentaba, sentirse pleno y feliz.
Además de trabajar, durante esos seis meses pude entrenar como no lo había hecho en mi vida y leí todo lo que encontré en internet y en publicaciones sobre carreras de montaña, nombres relevantes, pruebas de renombre, entrenamiento, alimentación,… y, poco a poco, aconteció la transformación. Tras seis meses conseguí perder 15 kilos, adquirir una forma física como nunca había tenido. Dispute mi primer Trail y descubrí porque todos los corredores que se ponen en la línea de salida de un Trail, sin excepción, tienen una sonrisa en la cara a pesar de saber que le esperan horas de sufrimiento físico. Porque el Trailrunning no es solo correr, no es solo llegar el primero,…, el Trailrunning es emoción, pasión, compañerismo, … es una experiencia vital condensada en unas horas de esfuerzo.
Empecé a participar en pruebas y sentí la adrenalina de llevar un dorsal. Pero no la adrenalina competitiva, sino la que surge de la emoción que te embarga cuando estás ante un reto desconocido, compartido, que no sabes lo que te depara el camino ni cómo responderá tu cuerpo y tu cabeza. Poco a poco la distancia de esas pruebas fue aumentando porque me di cuenta que lo más gratificante para mí era estar horas en medio del monte y si me dejaba el reloj y el móvil en casa mayor era el disfrute.
La carrera más larga y más dura que he realizado hasta ahora, la he realizado sin cronómetro. Solo sintiendo mi cuerpo, el camino y viendo como el sol salía y avanzaba a mi lado.
Ese día me di cuenta de que no era un corredor solamente sino que me había convertido en un TrailRunner. Ese día decicí que, con cada paso por la montaña, recuperaría todas aquellas sensaciones, sentimientos y experiencias que el mundo tan absurdo y fugaz en el que vivimos me había hecho perder.