“BIOSFERA TRAIL 2016”-CIÑERA DE GORDÓN (LEÓN)

Después de reposar pensamientos, sentimientos e ideas durante unas semanas y ver con perspectiva mi participación en esta carrera, puedo afirmar que la Biosfera está llamada a ser una carrera con mucho nombre y futuro. Es una carrera de montaña por auténtica montaña. Es lo que yo creo tiene que ser una carrera.

Tiene alma. Un alma minera, que le da un carácter rudo y salvaje pero a la vez amable y acogedora. Desde el primer metro te exige humildad para recorrer su escarpado relieve y para dejar que disfrutes sus bellos paisajes. Si intentas doblegarla, te dejará exhausto.

La organización tiene el espíritu de lo hecho con cariño. Como cuando tu madre te preparaba la comida del domingo, dedicándole muchas horas. Los cuidados detalles organizativos le dan ese carácter hogareño: personas de la organización infiltrados entre los que  corren para ofrecer consejos y guiar en las zonas de paso mas delicado, gente animando a lo largo de todo el recorrido, otros colocados en lugares conflictivos para que nadie se pierda, balizas cada 10-15 metros (eso en un trazado tan abrupto requiere un trabajo increíble que es de agradecer), los cuidados avituallamientos y la amabilidad de sus voluntarios, el intentar complacer con una bolsa de corredor muy correcta, ofrecer la posibilidad de comer allí para la gente que se desplaza desde lejos o no quiere moverse…Detalles y más detalles, pequeños pero importantes.

Para mi suma todos los principios del espíritu de las carreras por montaña: cuidado medioambiental, organización milimétrica, trazado balizado con segurodad , voluntarios entregados y cuidado máximo al corredor popular. Además creo que la Biosfera terminará convirtiéndose en un pequeño salvavidas económico de una zona maltratada desde que la minería no funciona. Plantar una carrera en una reserva natural tiene que tener más sentido que el simple hecho de disfrutar corriendo…tiene que aportar algo a sus gentes. Y la Biosfera les ofrece una posibilidad de nueva oportunidad de seguir viviendo en un entorno espectacular y que los ha visto crecer.

Muchos corredores comentaban que “nada que envidiar a Zegama”. Las comparaciones son odiosas pero espero que se convierta en la carrera referencia de León. Lo tiene todo…

BIOSFERA TRAIL 2016A principios de año, cuando el calendario de carreras todavía está en el aire, mi amigo César Veloso me tentó con esta carrera. ” Es cerca de mi casa. Nos pegamos un festival de tapas por León y el domingo carrerita por el monte y para Logroño”- me dijo.

Tardé dos segundos en abrir el enlace que me envió.Y tardé otros cinco segundos en decidir que quería correrla.

A lo largo de los días, estuve viendo imágenes y vídeos, leyendo entrevistas pasadas,posts y opiniones de quiénes habían participado en las anteriores ediciones. A medida que iba teniendo más información sobre la carrera, me dí cuenta de que dónde me estaba metiendo era un lío de los gordos. ¡Vaya ojo tienes, César!

Estuvimos pendientes de la apertura de inscripciones y el día que abrieron conseguimos, con dificultad por sobrecarga de la web, hacernos con un dorsal.

Para alguien novato en este mundo del Trail, que no se preocupa de medir el desnivel ni de estudiarse el recorrido, 26km pueden parecer una carrera más; con 2000 m+, una carrera más, pero dura; pero cuando te tomas el tiempo suficiente para hacer un recorrido virtual sobre la zona, para leer unos cuantos comentarios de corredores en ediciones pasadas, te das cuenta de que Biosfera tiene algo especial.

Desde la inscripción creció la impaciencia y las ganas de estar ya en la salida. Nunca me había enfrentado a  ese desnivel en tan poca distancia. La incertidumbre siempre produce miedo. Pero de la incertidumbre conseguí que naciera la ilusión para intentar llegar lo mejor posible a ese día. Los meses previos pude entrenar sin contratiempos pero no pude hacer todo el desnivel que sería necesario. Aun así, los veinte días previos a la carrera los entrenamientos fueron buenos. Hice un par de salidas por mi cuenta de unos 20k con 2000 metros de desnivel acumulado aproximadamente, varias salidas en BTT con bastante desnivel, entrenamientos de fuerza resistencia y como prueba participé en la Marcha Senderista de Ribafrecha (26 km/1150m+/3h10′). La semana previa realice un par de entrenamientos de calidad y puse rumbo a León.

El viernes noche lo dedicamos a hacer una incursión en profundidad por el  Barrio Húmedo y zonas aledañas para darnos un homenaje de tapas. El sábado por la mañana, bajo un buen aguacero, conseguí arrastrar a César, bien temprano, a hacer unos 40′ de trote suave con unos progresivos. Luego desayuno importante y turisteo toda la mañana. La tarde la dedicamos a descansar y, tras una buena siesta, preparar todo lo necesario para el día de la carrera.

El domingo tardamos unos 35′ en llegar de León a Ciñera de Gordón.Tras aparcar, notamos que había ambientillo trailrunnero en el pequeño pueblo. La zona de recogida de dorsales y bolsa de corredor estaba atestada de personal de la organización y corredores. Primeras fotos del ambiente y con un semidios del Trail, el speaker Depa.

Pudimos charlar con él uno cinco minutos y nos dimos de que su fama de persona amable y cercana se la tiene ganada con creces.

También coincidimos con el gran Salva Calvo.
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Tras el control de dorsales, accedimos a la alfombra de salida! Rock a todo trapo. Olor a adrenalina, sudor e incertidumbre. Alegría a raudales. César y yo estamos en media de la marabunta. A lo lejos y,sobre nuestras cabezas, dos drones captan las primeras imágenes de los corredores. Depa no deja de animar y de sacar las declaraciones a corredores tanto conocidos como desconocidos.

Con puntualidad británica, a las 09:00 arranca a carrera. Vuelta por las calles del pueblo, como tiene que ser. El calor y el ánimo de un pueblo volcado con su carrera, nos llena de energía para afrontar los primeros kilómetros de calentamiento. Pronto llega la primera subida. Con las piernas todavía entumecidas, nos metemos en un sendero estrecho, empinado y rocoso que nos lleva a la primera cima de la carrera, Peña Colorada.13015650_1034053039964279_5607018117073070135_n

Este primer calentón nos despierta los músculos. En la parte alta, corremos por una preciosa cresta. Me paro, miro hacia atrás y, además de una serpiente multicolor de corredores, puede ver el pueblo al fondo y apreciar la verticalidad de los valles mineros de esta parte de la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga. Además de belleza, esta geografía transmite dureza. Una dureza que se aprecia en la gente que vive en esta zona. Gente curtida en mil batallas mineras. Supervivientes de una economía en extinción, que en vez de rendirse, siguen, paso a paso, luchando por un nuevo futuro, con ilusión renovada y con la fuerza y las ideas de la nuevas generaciones y con la experiencia de sus mayores.

Dejo mis elucubraciones mentales, y me centro en el camino. Hay que estar atento. La hermosa cresta no da tregua y una mala caída puede ser fatal. Al rato, cruzamos un tardío nevero. La nieve está dura y oscura de las pisadas que me preceden. A César, lo llevo a unos 400 m por detrás. Cada uno va metido en su lucha y en sus pensamientos.

El camino sigue subiendo. De vez en cuando tenemos doscientos o trescientos metros corribles pero siempre picando hacia arriba. El piso esta muy húmedo; encharcado en muchos tramos. La copiosa lluvia de las últimas semana se ha encargado de darle un punto más de dureza al recorrido. La primera bajada es un alivio para las piernas. Me lanzo con ganas pero aún reservón. Paro en el avituallamiento, saludo y doy las gracias a todos los voluntarios allí presentes.

El segundo ascenso, a Cueto, se inicia rápidamente tras el descanso. Es un duro ascenso y la parte más alta de la carrera. En algunos tramos me fuerzo a trotar para que las piernas no se acomoden a sólo andar.Atravesamos un frondoso encinar (monte de Fayabajo), que alegra la vista y el olfato, y nos introducimos en un robledal (Alto del Rasón), el cual nos lleva por un pedregal hasta la cima. Nos encontramos con una bajada no demasiado larga pero muy técnica y delicada. Será una constante, y un punto más para la organización, el haber colocado a voluntarios unos metros antes de los puntos más conflictivos para dar consejos a los corredores. Es un descenso lleno de lajas mojadas y afiladas.Me llevo un buen corte en la mano izquierda del que ni me entero. Cada uno busca la manera mas adecuada de salvarlo y con métodos poco atléticos, en la mayor parte de los casos, vamos llegando al sendero por el que continúa la marcha. Tras cruzar un túnel anegado de agua de unos 250 metros y en el que la única luz es la de un móvil de un voluntario y la linterna de otro, llegamos al segundo avituallamiento. El corte ha empezado a sangrar; lo limpio y aprieto para que se detenga la hemorragia pero no lo hace. Decido ignorarlo. Apenas me detengo ya que me encuentro bien de fuerzas. Bebo agua e isotónica; como un cuarto de plátano y dos onzas de chocolate. Me uno a un pequeño grupo que lleva mi  ritmo. Subimos corriendo por una pista y nos adentramos en el robledal de Monte de la Mata. Me tomo el segundo gel de la mañana (el primero me lo tome 10′ antes de salir ya que la primera salida estaba demasiado cerca y era dura para unas piernas frías; cualquier ayuda sería bienvenida). Llegamos al Pico Cuchillar y empezamos a bajar a hacia Ciñera para alcanzar los caminos de la antigua vía de la mina.  Volvemos a subir por un fantástico hayedo (Faedo creo que le llaman) cuya senda es un pequeño río. Respetando el camino marcado, no hay más remedio que correr o andar sobre el agua. La subida se hace dura y penosa y aquí noto un pequeño bajón de fuerzas. No pienso en nada. Solo miro a mis empapados pies y sigo paso tras paso. Pasan los metros y las malas sensaciones siguen. Me detengo un minuto. Levanto la cabeza. Me encuentro en medio de una naturaleza hermosa y  a la vez implacable. Noto frío. Ahora empieza a llover suavemente.Estoy calado de  pies a cabeza. Mis piernas me duelen pero no lo suficiente para detenerme. Sigo adelante. Esta sensación ya le he tenido en otras ocasiones. Solo pienso en salir del hayedo y encontrar una bajada que me ayude a entrar en calor y buenas sensaciones. Llego a la cima ( Los Casetones). Las vistas son increíbles. Una pequeña bruma se levanta en el fondo del valle. La vegetación exuda el exceso de agua. Es una visión mágica. Pero no tengo mucho tiempo de disfrutarla y sigo adelante para no enfriarme. Tras media hora de penurias, he recuperado un poco las sensaciones y vuelvo a trotar con energía aunque las piernas empiezan a quejarse.

Varios voluntarios nos avisan de que estamos a punto de llegar al tramo  más peligroso de la carrera por lo embarrado y por su fuerte pendiente. Es una zona de vegetación baja.El sendero cae por una ladera entre los que los del lugar llaman ” escobas”. Son estos arbustos los que evitan que nos matemos. Vamos agarrándonos a uno y a otro lado para no adquirir demasiada velocidad. Los pies son incontrolables. Pierdo de vista al que llevaba delante y no oigo al que me seguía.  No es larga la bajada pero se me hace eterna. Me duelen las manos de agarrarme. Las piernas protestan. La inestabilidad las hace sufrir el doble. No hay un paso igual que el otro. Los patinazos son constantes pero consigo mantenerme a duras penas en pie y no me caigo. Llego todo embarrado y agotado a final de la bajada y en cuanto el sendero se pone llano, me pongo a correr como un loco y alcanzo a los dos corredores que me preceden. Llegamos al  arrollo de Villar que lleva muchísima agua. Tenemos que pasarlo por una escalera hecha con troncos. Hay gente animando y eso nos da fuerzas para seguir corriendo un rato más. La senda esta llena de charcos pero ya no nos preocupa. Uno de los chicos que va conmigo aumenta el ritmo. Se despega. De nuevo estamos en dirección a Ciñera  atravesando las marmitas y la hoz de Villar. Regresamos al Faedo y tras unos minutos de carrera alcanzamos el tercer avituallamiento.

Vuelve a llover con ganas. Los sándwiches de Nutella estan bajo un plástico para no mojarse. Cojo medio y comparto un cuarto con el chico que me ha acompañado los últimos kilómetros. Un puñado de gominolas, dos tragos de isotónico y otros dos de agua. Emprendo la marcha solo porque el chico se acerca a los sanitarios y allí se queda.

Otra vez toca subir. Las piernas han vuelto a enfriarse y la subida no perdona. Comienzo a un paso ridículo. Pero me animo al volver a ver al chico que antes nos dejó atrás. Va con bastones y está parado debajo de un haya. Paso a su lado y le pregunto si necesita ayuda y me dice que no. Prosigo. Subimos por una canal vertical hacia la Collada del Villar. Me encuentro con un par de trepas que solvento sin contratiempos  y que me permiten observar unas vistas preciosas. Nadie me sigue. Realizo el tramo de cresta  y de descenso técnico con fuerzas y con mucha alegría. Recupero las ganas. Apenas me quedan cuatro kilómetros para terminar. Cruzo un río de agua helada. Agua hasta la rodilla. Me dan ganas  de quedarme un ratito para dar tregua a las piernas. Las noto hinchadas por el esfuerzo. Desciendo por unos prados embarrados y por las pasarelas de madera colocadas sobre el caudaloso río más rápido de lo que debería a  estas alturas del cuento. Corro y no pienso.  Un chico patina y se cae. Me detengo de golpe a ayudarlo y al frenar casi me caigo yo. Los dos estamos bien. Vuelvo a acelerar  y consigo adelantar a unos cuantos corredores. Los sobresfuerzos de los primeros tramos se hacen notar. Llego al ultimo avituallamiento, que puesto que hemos realizado un  bucle, es el mismo que el tercer avituallamiento. Me como otro cuarto de sándwich y dos gominolas. Bebo y me tomo una pastilla de sales.

Miro hacia arriba y me digo a mi mismo que esa ya es la última subida. Me pongo al ritmo  de un asturiano que me precede y  que sube mejor que yo. Su ritmo me lleva hasta arriba pero poco a poco empieza a perder ritmo y  le relevo. La cima (el Sardonal) parece no llegar nunca. Recorremos el cresteo juntos pero empiezo a notar que no sigue mi ritmo en los tramos técnicos de la cresta. Bajo el ritmo para que me coja un par de veces pero nada. Me dice que siga sin él. Sigo hacia adelante  a lo largo de sendero plagado de obstáculos. Más que correr voy saltando. Por fin llego a la cruz que marca la ultima cima. Última trepa y a por la bajada que me llevará a Ciñera.

¡Vaya bajada final! Una pendiente de entre el 40% y el 60% de pendiente por sendero estrecho y empedrado. Me lanzó con temor los primeros metros pero poco a poco voy adelantando a corredores y me animo. Consigo bajar muy rápido y me la juego en un par de curvas. Increíblemente mis  piernas consiguen aguantar el esfuerzo sin desfallecer. Llego a una senda desde la que se divida todo el pueblo y ya puedo escuchar la megafonía. Me queda un kilómetro y solo pienso en que Idoia lleva mucho rato esperándome pero ella no sabe que el mejor premio que hoy tendré será tenerla a ella en meta. Son las ganas de abrazarla y de verla lo que me hace correr los últimos metros con alegría y recoger mi medalla de hulla de Gordón que me acredita como finisher de esta épica Biosfera Trail 2016 (26km/4400m desnivel acumulado en 5h 07′).

 

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Autor: morituritesalutant1977

ESTE FORO LO DEDICARÉ A EXPONER LO QUE PIENSO, SIENTO Y EXPERIMENTO MIENTRAS PRACTICO UNA DE MIS PASIONES: MOVERME POR LA MONTAÑA.

4 comentarios en ““BIOSFERA TRAIL 2016”-CIÑERA DE GORDÓN (LEÓN)”

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